miércoles 3 de septiembre de 2008

Un enfoque a las relaciones universidad-empresa

Ayer, en La Voz de Galicia, veo la primera reacción pública de un representante de la Universidad, Emilio Menéndez, Profesor Honorario de las Universidades Autónoma y Politécnica de Madrid, al proyecto del Ministerio de Ciencia e Innovación de incentivar la inversión privada en las universidades españolas; proyecto que ya comenté en mi post del pasado 30/8.

Inversión privada en las universidades españolas

Me llama la atención el miedo generalizado en el entorno universitario, representado en esta carta, a:

  1. “[…] que se haga la investigación que deseen las empresas, la cual no siempre será la que necesita la sociedad […]”, como ya quedaba de manifiesto en la encuesta (no científica) elaborada por El País. Me preocupa que la comunidad universitaria crea que industria y sociedad sean dos universos paralelos y me sorprende que la comunidad universitaria crea que está más cerca de la sociedad que la industria. Es evidente que las empresas defienden sus intereses económicos pero no podemos concluir que lo hagan a espaldas de la sociedad ni sin contar con ella (aunque es evidente que a veces pasa). Es la economía de mercado la que ha hecho llegar la gran mayoría de las innovaciones a la sociedad y es normal que intenten dirigir los esfuerzos universitarios en beneficio de su negocio.

    Otra cuestión es cuáles son los incentivos que mueven a las empresas, que normalmente son más cortoplacistas que los que mueven a las universidades; como son más cortoplacistas los que mueven a las sociedades de capital riesgo especializadas en prívate equity frente a las especializadas en capital semilla.

    Con ello quiero decir que, en este ecosistema y en general, no hay actores mejores o peores; todos son necesarios en su papel y todos suman. La clave radica en identificar cuál será el nuevo papel de la universidad en un ecosistema donde tenga más peso la industria. Intuyo que sea posiblemente una universidad con mayor iniciativa en la investigación básica pero más subordinada a la industria en el desarrollo de aplicaciones concretas que generen ingresos en un plazo razonable.

  2. la competencia de las universidades pequeñas frente a las universidades de los grandes centros económicos y políticos. Es verdad que la universidad española contaba con limitaciones importantes en su capacidad de actuación pero las condiciones están cambiando y es la propia universidad la que se esfuerza a veces en perpetuar una serie de principios que ya no son del todo ciertos y que, por las intenciones que se ven en el Ministerio de Ciencia, se está haciendo esfuerzos por cambiar:

  • que la inversión en I+D es solo una vocación de ciertas empresas “modernas” situadas principalmente en Madrid, Barcelona y Bilbao y no una necesidad de un porcentaje cada vez más grande de las empresas españolas: NO GLOBALIZACIÓN y NO ECONOMIA DEL CONOCIMIENTO

  • que las grandes universidades pueden ser buenas en todo y no dejan nichos de mercado a las demás: NO ESPECIALIZACIÓN

  • que el factor proximidad es el único y más importante factor de inversión privada en investigación: NO MARKETING y NO VENTA

  • que solo las empresas españolas estarán interesadas en invertir en las universidades españolas: NO INTERNACIONALIZACIÓN